Hablar del graffiti como hecho artístico acarrea polémica. Se generan acaloradas discusiones tomando dos bandos: El graffiti es arte versus, el graffiti no es arte. Si bien es importante plantearse el asunto, deja de serlo darle respuesta.
El graffiti es un objeto cultural que se ha colado en la idea de arte, se ha escurrido lentamente, sin ser notado, en la mente de los consumidores/espectadores, siendo nosotros habitantes de una ciudad y principales consumidores de este producto cultural, cuyo fin principal es la crítica social y la abstracción de la identidad.
Mientras se discute (innecesariamente) acerca de su existencia, es una expresión que se ha abierto campo desde el siglo pasado. En sus inicios fue una simple grieta que dejaba traslucir una visión, poco a poco se convirtió en una ventana, hasta llegar a ser la puerta que es hoy día. Como suele pasar hay mensajes en los productos artísticos encriptados y mensajes directos (superficiales y profundos, implícitos y explícitos), he allí la razón de ser una forma de expresión, un canal para los mensajes que no pueden ser dichos en voz alta en plena ciudad, ni siquiera gritando, son escritos, adquieren formas inverosímiles, inadvertidos a simple vista, requieren un tiempo de admiración.
El arte ha dejado de ser representación del proletariado para la burguesía (pensamiento de hace siglos). El arte ahora se ha diluido hasta alcanzar rincones antes impensados, lo que antes era sólido, rígido, se ha derretido para flexibilizarse y cubrir nuevos espacios. En este momento el arte critica desde cualquier estrato o ámbito. Aún se debate sus inicios, y si debería existir, sin embargo, el graffiti ya se abrió su espacio en las calles, en los caminos que recorremos todos los días.
En el graffiti de la foto la expresión sarcástica en medio del centro económico de la ciudad, sobre una pared que solía estar unicolor, deja traslucir un mensaje irónico: la sociedad se burla constantemente de sí misma al ser casi inexistente el poder adquisitivo y a la vez esperar este tipo de monotonía y estabilidad visual en los comercios.
Valentino Muñoz
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